jueves, 12 de enero de 2012

La luna no sabe decir estas cosas.

El azul del mar acariciaba mi pequeña conciencia que dormía el un sueño en el borde de un acantilado donde las olas gritaban a la roca por ganarle la batalla del freno que le ponían a sus ansias de llegar a lo más hondo de la tierra. 
Y esa caricia del mar en mis pies hizo que me levantase de la arena y comenzara a correr por la playa inundada por un sol que guiñaba el ojo al desenfreno de volar por el aire sin peligro, y con la seguridad que brinda a una mota de polvo.
Que quiso nadar en el mar, para llegar a la orilla con ganas de ver una guitarra y componer de nuevo versos sin sentido aparente, pero que escondían mil sentimientos encerrados en el desván de la memoria donde esperaban el momento de resurgir a la luz.
En ese momento, alguien la cogió por la espalda, la secuestró y la llevó a una pequeña cabaña de pescadores a la que el salitre le había quitado la pintura, y que guardaba guijarros, viejas redes y conchas de todos los lugares. Pasaron hablando día y noche, mil temas distintos sin la necesidad de sentir pudor hacia lo que sentían o lo que pensaban, con una transparencia en la que no se filtraba una mota de mentira.
Y así volvieron a la playa, para coger un bote en ese día en el que el mar estaba en calma, sereno y enamorando a la arena para conseguir con ella una felicidad inexplicable.


Gracias por saber sacar esa sonrisa. 

jueves, 5 de enero de 2012

Si entiendes algo, estas mal de la cabeza.

¿Cómo puedes echar de menos algo que nunca ha pasado? Una mirada, una sonrisa, un caricia, un gesto, una tarde entera haciendo el idiota, con riñas, charlas, risas y habitaciones oscuras.
Donde una palabra no dice nada y el tiempo habla por si solo. Donde la luz está de más y la oscuridad ilumina como el sol al amanecer. Donde crece el recuerdo y muere el olvido, cuando la pena baila con la melancolía un infinito vals donde se mezclan alcohol y tabaco en cantidades indecentes, con una melodía gris e infinita, saltando una y otra vez el límite de la perfección rayando lo maniático.
Donde mueren las ganas de vivir de forma impersonal, sin pena ni gloria, carente de aspiraciones en la vida o de una meta clara, sin ser esta más que la felicidad perdida quizás en los asientos traseros de un coche donde la intimidad de la noche oculta lo mas prohibido del ser. 
Donde acuden al funeral de la apatía sus mayores enemigos eternos, para bailar sobre su tumba hasta que la noche deje de manifiesto que llegó el tiempo de la búsqueda de un bar donde ahogar las penas en alcohol.
Donde dicen que nunca se ha visto merodear a la mentira.
Donde se esconden las pesadillas, todas juntitas, para quemaras en una hoguera que caliente al mundo real.
Donde sólo yo se entrar y se encontrarme.
Donde la luz del sol no llega, y sólo yo soy capaz de iluminar.


La luz del sol no brillaba en lo alto a las 2 y media de la madrugada....

martes, 3 de enero de 2012

Meciéndome entre las nubes

Me dijeron que el silencio es el grito más fuerte, pero una voz que ansía que la escuchen por encima de las demás es la que al final se acaba escuchando por encima del tumulto de mil conversaciones hipócritas y sin sentido en las que divagan quienes no muestran aprecio real por la vida que llevan.  Es verdad que el silencio es muy necesario, la reflexión, y la búsqueda de una filosofía, nuestra filosofía, empapándonos de mil fotogramas que pasan por delante de nuestra retina. Todo cuanto percibimos queda grabado a fuego en nuestra memoria, aunque a veces nos cueste recordar, quizás porque no sea el momento oportuno o por que ese recuerdo ya carezca de valor. Problemas de expresión mancillados por medios que nos inculcan las malas maneras en las que la sociedad se maneja mejor que un pez en el agua. Busca el eterno retorno a modos y costumbres ya inútiles y antiguadas que nos hace caer de nuevo con la misma piedra una y otra vez. Aún no sabemos lo que es aprender de los errores, ese conocimiento nos llega tardío, y no nos gusta aceptarlo. Seres que pupulan por el mundo con el único fin de sobrevivir a toda costa. Sin importar nada; el fin acaba siempre justificando los medios. Si se rompe un vaso la culpa no la tenemos nosotros, si no la situación, y si nos caemos por un precipicio es porque nos queríamos tirar en realidad pero no teníamos la suficiente valentía para hacerlo.  ¿Pero por qué buscar un abismo y no el cielo, desde el cual podemos observarlo todo? Siempre hemos vivido pegados al suelo, a la tierra, anclados en nuestras raíces, de las que tanto renegamos en muchas ocasiones y de las que nos avergonzamos. Admitimos, pero no para el mundo, solo para nosotros mismos.  Como el pez que se muerde la cola una y otra vez, el eterno retorno sin un ápice de cambio nos engulle en sus fauces, como un pájaro engulle a un insecto. Insaciables y lujuriosos, en busca de nuevas experiencias que acallen nuestras ansias de placeres prohibidos, en la oscuridad de la noche fría que nos arropa con su tenue luz, con sus reflejos y sus sombras... Y de fondo se escuchaba a jimi hendrix haciendo gemir a su guitarra.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Finisterre

Una cosa es pensar, y otra muy diferente es dejarte llevar por el pensamiento, que al principio, te lame suavemente los pies con su marea, te arrastra hacia su interior, y cuando te das cuenta, te encuentras flotando en medio de un mar de dudas sin sentido, como un naufrago a la deriva después de la tempestad.
Sale el sol a intentar apaciguar a ese mar embravecido, furioso consigo mismo y con el mundo, donde nada es lo que parece ni lo que aparenta ser. 
De donde pocos consiguen salir en vida, y a todos lleva a su fin. Donde la corriente te arrastra como a un trozo de madera que se mece sobre la superficie, o por el contrario, te hunde en las profundidades, donde te deja varado para siempre, a la espera de que alguna vez la luz del sol llegue allí.
Donde las olas habitan, no hay espuma, solo agua salada en todas las direcciones, que no entiende lo que significa, su por qué, y que hay más allá de ellas.


Se unen, se disipan, resurgen de entre las demás olas, y al chocar, hacen espuma que lame mis pies a la orilla del mar... 

domingo, 11 de diciembre de 2011

Y de pequeña soñaba que las estrellas estaban en el cielo para que las nubes no se perdieran en la oscuridad.

Pequeños placeres prohibidos censurados por unos ideales en conflicto con otros. Miles de cerebros prefieren un suicidio antes de ser asfixiados por la falta de libertad, limitándolos y enfocándolos hacia algo que no entraba en sus planes o que quízás aborrezcan.  Si tu libertad termina cuando comienza la de tu vecino, ¿Por qué nos gusta tanto jugar a los colonizadores? Navegamos en nuestra barca, con nuestras pertenencias, y al cruzarnos con alguien, tiramos sin que se dé cuenta la semilla de nuestra convicción; que ya nos preocuparemos después de cuidarla para que la planta que nazca crezca sana y fuere, y pueda dar nuevos frutos.  ¿Esto se puede considerar malo? Por simple aparciencia parece que es el curso que puede tomar cualquier conversación normal, pero ésta se encuentra plagada de intereses en la que la planta sólo crecerá con lo que nosotros consideremos indispensable para nuestro beneficio. Lo demás no nos importa. Seres egoístas e interesados por naturaleza, pensamos ya que el diálogo es un cuento de viejas, y lo más triste es que lo vamos a acabar creyendo.  No quiero odios ni boca, sólo una bonita cabeza que poder peinar...

lunes, 5 de diciembre de 2011

Y cuando se cruza un huracán con una tormenta, chocan, se pelean, pero se unen en uno. Al igual que un amanecer cuando el sol aparece en el horizonte, fundiéndose su luz con la oscuridad de la noche, que se va para dejar florecer a los colores. Al igual que tequila,limón y sal, si falta un componente no es lo mismo. Como un mar y su acantilado, donde las olas pelean por ganarle el terreno a las rocas. Como una reflexión absurda a un cerebro inútil, como tantos que pueblan este mundo, atrofiando ideas, que no llegan a buen puerto, pues lo más hermoso que puede salir de un cerebro atrofiado es el esperpento.
Pero dejando aparte cerebros corrosivos, puede que no todo sea tan malo como se pinta.

Italia, bonito destino para unas vacaciones.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Turbio silencio de sirenas...

Quedó más allá del tiempo, del silencio, del lamento, del horror. Se fué cuando se cerró la puerta, y una ventana se abrió. Corrió entre los cristales, por las ciudades, en el tejado todos los pájaros echaron el vuelo, y se quedó sola con su remordimiento, su melancolía, su soledad. Preguntó a las nubes, a las estrellas, a la luna, y no encontró respuesta para salir del laberinto en el que se encontraba perdida, enmarañada la mente y la vida, en una voltereta sin fin, donde sueños, silencios y rencores se mezclaban dando lugar a un cócktel explosivo, bomba de relojería a punto de explotar, cuando al fin la luz de la noche la iluminó por un sendero que no tenía fin, ni meta en la que hubiera un atisbo de sol. Sólo el mar, el infinito mar, con un inmenso acantilado, donde cada ola hacía rugir a las piedras de dolor, luchaba por no tirar todos sus sueños al mar, para que agonizaran lentamente bajo las olas, y como cada sueño que se escapa, acabara en el rompeolas, cayendo finalmente en el fondo del mar, en el olvido completo y absoluto, al igual que su persona.